Las campanas de la Catedral de Abancay

Las campanas de la Catedral de Abancay

* Tomado de GUILLERMO VILADEGUT, Alma y Rostro de Abancay, Monografia social e histórica, Abancay 1997, pp 102-104.

La torre de nuestro templo parroquial que es de cal y canto, tiene como segundo cuerpo el campanario de cuatro ventanas arqueadas, que orientan justamente a los cuatro puntos cardinales de la rosa náutica, estando colocada en cada una de ellas una campana, y en el centro otra que es de mayor tamaño que las demás.

En años no muy lejanos, destruyéndose su coronación o tercer cuerpo, que era de bóveda en forma de media naranja, más de armonía con su estilo general de arquitectura romana, se construyen el que hoy presenta para colocarse en él, como lo vemos actualmente, el reloj público que obsequió a la ciudad el que fuera distinguido industrial apurimeño, señor don Eugenio Herrera.

Siempre se ha ponderado, y con mucha razón y justeza, el nítido timbre de dichos notables bronces, que tocan, unas veces como tristes mensajeros del dolor; y otras, como deleitosos portavoces de la alegría, pareciendo compenetrarse con los diferentes estados del sentimiento humano. Finas campanas que, según tradicional noticia, contienen en su aleación de fábrica, el áureo metal en apreciable porcentaje: principalmente, la mayor que es de admirable esbeltez en su moldeado, cuyo tañido se escucha con toda claridad desde las enhiestas cumbres del Ampay y del Kisapata, y en los gélidos parajes de Rontoqocha y Qochakajas; semejándose en su potencia sonora a la famosa y merecidamente celebrada “ María Angola de la Basílica Catedral del Qosqo” .

Parleras campanas de grato y rememorante sonido, que en la expresión de su simbólico lenguaje, enmudecen doloridas solo cuarenta y ocho horas en cada Semana Santa, siendo reemplazadas por la triste carraca o matraca.

Lindas campanas del querido pueblo, que bullangueras repicaron atrios, cuando fuimos cristianizados en solemne bautizo, dobla-corazón, y acaso para nosotros, cuando nos vamos también, llegarán a doblar todavía. Poniéndonos a observar acuciosos los cinco· interesantes bronces que soberbiamente cuelgan de sus soportes de saúco, desafiando ya por siglos el duro gesto de los años implacables, sin cansarse jamás con el diario golpear de sus badajos, en perenne afán de reír o de llorar.

La campana del lado este, llamada de “Rogativas”  o “ Penitencia” , muestra esta inscripción: “Ora pro nobis Sancte Franchisce - Esta campana mandó fabricar el doctor Francisco de Asabal - 1695” . Cuando se fundió, fue cura propio de la Doctrina del Santísimo Rosario de Abancay el presbítero don Pablo de Almanza, según aparece de los libros parroquiales que se conservan en el interesante archivo Vicaría Foránea.

La que está en el arco del oeste, que se nombra “La Dominicana” , ostenta igualmente su inscripción, pero no visible toda ella, pues que buena parte está en la que se da cara a la plaza de Armas; y en la que es posible verse desde el interior del campanario, se puede leer lo siguiente: “Año 1791- Siendo Cura propio el doctor D. Pedro...” , estando ilegible el apellido que es Robles, tal como se ha comprobado al buscar el dato en el archivo parroquial

Es de advertir que las dos campanas pequeñas que orientan la una al septentrión y la otra al mediodía, no tienen ninguna inscripción, ni del año en que fueron fundidas ni quien las mandó a fundir; pero puede presumirse que proceden también del año 1700.

En cuanto a la última, la mayor, que es de gran tamaño y peso, y ocupa el centro del campanario, a todo el ruedo sobre su borde festoneado, se lee esto: “Me fecit: Señor Juan de Ribas-7-19 del año 1779- María del Sacramento” . Prestándose a interpretar que el número 7 corresponde al séptimo mes que es Julio.

El señor Juan de Ribas fue pues el artífice que nos dejó tan notable obra, cuando el licenciado don Juan de Dios Niño de Guzmán, en su calidad de cura ecónomo propio regía la Doctrina abanquina, dato que hemos obtenido también al consultar el ya mencionado archivo.

Esta hermosa campana, como se ve, tiene su nombre propio 'desde cuando fue fundida, y es “María del Sacramento” , así como lo tienen otras célebres campanas, cual la aludida de la basílica cuzqueña. Acostumbrémonos pues en nombrarla así los lugareños, que bien podemos estar orgullosos de tener en nuestro pueblo esa joya de inestimable valor por su antigüedad, su excelente factura artística y su riqueza metálica.

Es indudable que todas estas campanas fueron fundidas acá mismo, por que dadas las pocas y difíciles vías de comunicación que habían por aquellos tiempos en estas fragosas serranías, y lo lejano de pueblos o centros de mayor importancia, su traslación hasta Abancay que está incrustado en una de las más bravas quiebras de los Andes, hubiera sido un imposible. De aquí, que los señalados son datos históricos preciosos que nos aproximan a la comprobación de que la fundación española de este pueblo, fue, por lo menos, a. mediados del siglo XVI; de manera que al igual de otras ciudades coloniales del Perú.

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