Historia de Abancay - Templo Catedral

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ABANCAY*

 Textos tomados de: VINUEALES G - GUTIERREZ R. Historia de los pueblos de indios de Cusco y Apurimac, Lima, 2014, Universidad de Lima, pp. 67-70. 


Pueblo Según dicen algunos autores, el nombre de Abancay provendría de amancay, típica flor amarilla de la zona. Del lugar hay tempranas noticias que incluyen también tempranas obras públicas. Entre ellas se destaca el puente de albañilería construido por el virrey Cañete hacia 1565, a legua y media del pueblo. Ese puente reemplazaba a uno de tiempos incaicos[1].

Pocos años después hubo cronistas que se preocuparon por la zona, como lo fuera el documento titulado “Descripción de la tierra del corregimiento de Abancay de que es corregidor Niculoso de Fornee”. Este trabajo, fechado en enero de 1586, nos da una idea del distrito y señala ya el nombre de Santiago como patrón de la doctrina[2]

Foto Apurímac DigitalLa población debe de haberse desarrollado bien en base a su ubicación en una parte baja y cálida, bien bañada por ríos y sobre el camino real. Seguramente desde sus primeros tiempos habrá tenido un importante número de españoles, que en 1786 casi llegaba a los ciento ochenta, mientras que los mestizos eran más de seiscientos setenta y los indios un centenar más. Asimismo, la doctrina contaba con nueve personas de origen africano[3].

Las familias principales imitaban las costumbres del Cusco y se daban ciertas comodidades, como lo vemos en las obras que encarga Paula Cueva, en la casa que había sido de la cofradía de Jesús Nazareno. Esta señora, en 1782 hace refaccionarla instalándole una sala de truco, trabajo que solicita a los albañiles Nicolás Arrendero, Julián Paniura y Joaquín Pérez, así como al maestro carpintero Pablo Azzamora, quien hace la mesa de truco[4].

Tal vez sea por estas ideas sociales por lo que a poco de producirse la independencia, se llamara la atención de que en esta ciudad, de unos dos mil habitantes, había muchos de ascendencia noble “que aún no renuncian al humo de su hidalguía”[5]. El mismo autor nos describe la localidad diciendo que las casas son de distintas hechuras, que las hay de teja y adobe, otras de pajas y caña, y hasta algunas que están construidas bajo las ramas de los árboles. Tiene dos calles principales que están empedradas y “tres transversales sin empedrar y bastante sucias. Por la una de ellas corre a lo largo de septentrión a mediodía una acequia grande, que sirve a las haciendas”. La plaza era cuadrada y grande, y estaba rodeada de las mejores casas de teja y del templo que está al norte. En medio de la plaza hay un pisonay “de una antigüedad venerable”[6]

Una publicación de 1848 es realmente triste, pues se explica que Abancay “al presente no es más que un descarnado esqueleto roído por la miseria, por la ignorancia y por la depravación profunda. Su numerosa población ha sido diezmada por la viruela, cuyos estragos se multiplican cada año por la embriaguez y por la emigración continua fruto de la espantosa pobreza. Casi puede decirse que no tiene iglesias ni párrocos [ ... ]. No hay escuelas de primeras letras de modo que reina el embrutecimiento más absoluto”. Doña María Ocampo sostiene en su hacienda un colegio de educandas.” ¿Podrá creerse que carezca la provincia de un panteón y que se conserve todavía la perniciosa costumbre de sepultar los cadáveres en el interior de los templos?”. El autor cree que la decadencia también se produce por la obstrucción de los caminos públicos, que aminora el comercio y los intercambios[7]

 

Iglesia


En 1676 el padre Juan Bautista de Olavarría, párroco interino, comenta que tiene algún pleito con el cura Simón Guerrero Zambrano, expulsado de la Compañía, tratando de que devuelva una cantidad de dinero que le corresponde a “la obra de la iglesia que de orden mía se está edificando desde que llegué a esta ciudad y hallo hecha de cal y canto la capilla mayor y que se iba prosiguiendo con todo cuidado, mando que no cesare la obra”[8]

Dos años después se informa que se sigue haciendo la iglesia de cal y canto, y que ya la capilla mayor está terminada[9]. Pero se ve que hubo algunas alteraciones porque había sido mal planteada. En 1687 se dice que “La iglesia se está haciendo de cal y canto y su pared tiene dos varas de ancho y para continuarla hay al presente crecida cantidad de piedra y quinientas fanegas de cal”. Pero el mismo documento agrega que el visitador vio que “el que impuso esta iglesia la erró y la dispuso al revés, se mande la capilla mayor por la puerta de los pies de ella y que sirva de baptisterio la sacristía”. Y da más detalles: “Por cuanto han tenido alguna controversia en dicho valle sobre los lugares que han de tener en el retablo la imagen de Nuestra Señora del Rosario y la del glorioso San Francisco, mando que la imagen de Nuestra Señora se coloque en el nicho inmediato sobre el Sagrario y la del glorioso San Francisco arriba, que es el lugar del patrón”[10].

Un par de años más tarde, el padre Agustín de lrarrázabal, cura propio de la doctrina, contrata la hechura del altar mayor con el maestro escultor Juan Esteban Álvarez[11]. La obra debe haber sido importante pues Álvarez a su vez subcontrata a Juan de Castañeda, natural de Maras, para que lo asista en la obra como oficial, por lo que se le pagarán seis reales por día[12]. Noticias posteriores confirman que el Dr. lrarrázabal, también nombrado Arrezábal, durante su curato “pasó a fabricar una iglesia principal de su doctrina desde sus fundamentos a propias expensas”[13]

Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de este párroco, a principios del año 1746 llegó al Cusco la noticia de haberse caído la iglesia de Abancay[14]. Por lo que una nueva construcción debió ser encarada. Suponemos que mucho no habrá tardado en erigirse, ya que en 1758 el cura abanquino Antonio de Bustamante Carlos lnga dirigía sus esfuerzos a cuestiones de equipamiento, como hacer un árbol genealógico de los reyes y emperadores incas que fueran de los reinos del Perú y de sus descendientes[15].

El templo de esta segunda mitad del XVIII se habría mantenido varios años, porque más de cincuenta años después, el padre Julián Valencia en su testamento anota que adornó la iglesia de Abancay sin mencionar nada referente a obras edilicias[16]. Pero poco más adelante, ya sobre la época independiente, la iglesia estaba con problemas y peligraba su altar principal. Fue así que los ediles se reunieron en la municipalidad para tratar “que se reparara con la mayor vigilancia la ruina tan gravosa que amenazaba el retablo del altar mayor y techo del arco toral de esta iglesia a causa de hallarse por sus dilatados años apolillados” y “se resolvió se hiciese un altar de estuco y se mudase el techo alzando sus paredes como una vara”: Pero después de ver los pros y los contras, se decidió arreglar el retablo de madera, según informa el cura Marcelino Castilla[17].

En 1834 se lo describe como un templo de adobe de una sola nave, construido con gusto, con una puerta que da al sur que es la que cae a la plaza y otra al oeste, que es la que está en dirección al altar mayor. Posee buenas pinturas en lienzo y su altar mayor se halla adornado con una custodia hermosísima de plata dorada, con piedras preciosas, con frontal, sagrario, dos atriles y seis candelabros del mismo metal. En él está colocada la patrona, la Virgen del Rosario de bella escultura que está embellecida con alhajas de costo. El cementerio que rodea el templo por el oeste y el sur, tiene un cerco con sus arcos chicos de adobe, pero se dice que está muy descuidado. La torre es cuadrada, de adobe y exenta con una campana de mucho sonido[18].

Las noticias de 1872 nos informan que “El templo se encuentra en el día en buen estado desde su reparación en los años 70 y 71 con fondos señalados por el supremo gobierno”: se reedificaron “las paredes de uno y otro costado del arco toral, la que hace espalda al altar mayor, lo mismo que el techo”; que aún estaba en ese momento sin tumbadillo. Las paredes restantes se mantenían en regular estado y se habían hecho nuevos techos en la sacristía y en el bautisterio. La sacristía tenía tres puertas que daban al altar mayor, al cementerio y al “mismo cementerio que pasa a la espalda del sagrario”: En el coro se encontraba un pequeño órgano. Pero el altar mayor había desaparecido porque “para la reedificación de las paredes del arco toral y mojinete que forma la espalda del altar fue necesario retirarlo con cuyo motivo resultaron destrozadas las piezas y más porque el maderaje se hallaba todo carcomido y demolido tanto por el transcurso como por tantos temblores acaecidos en estos últimos años, así que se trata de poner pronto un nuevo altar de estuco”: Había otros seis altares menores, la mayor parte destrozados dedicados a Cristo, la Virgen de Dolores, San José, San Antonio, la Trinidad y el Señor de los Temblores. Los cuadros grandes de las paredes se habían sacado por muy usados. La torre estaba toda destrozada y próxima a su total ruina ocasionada por los temblores del año 1869. Al pie de la torre y formando esquina a la plaza había una habitación que se usaba como depósito[19].

Y así se llega al siglo XX, cuando ante la amenaza de ruina se decide la refacción del templo y fray Luis E. Arenas prepara una nota explicando el estado calamitoso que necesita del cambio de parte del maderamen, de la renovación de la cubierta de tejas por una de calamina y de pintura general. Para ello mandan un “Memorial dirijido al Sr. Presidente de la República para la refacción del templo matriz”; organizan kermeses y alteran una vez más el templo colonial[20].

Al finalizar la centuria, la antigua iglesia matriz está totalmente modificada y reiteradamente reconstruida, la última vez hacia 1990. El altar mayor -que ya no es el antiguo- ha sido trasladado para que la entrada desde la plaza dé directamente a él. Por ello un tercio de la nave queda sin uso[21]. Hoy nada queda del templo original ni de su entorno.

 * VINUEALES G - GUTIERREZ R. Historia de los pueblos de indios de Cusco y Apurimac, Lima, 2014, Universidad de Lima, pp. 67-70. 

[1] REGAL, Alberto. Los caminos del inca en el antiguo Perú. Lima, Sanmartí, 1936, pp. 43-44.

[2]  “Descripción de la tierra del corregimiento de Abancay de que es corregidor Niculoso de Fornée”; en: JIMÉNEZ DE LA ESPADA, Marcos. Relaciones geográficas de indios. Perú. Madrid, Biblioteca de Autores

Españoles. Tomo I, 1965.

[3] AGI. Lima 1110. Estado de la población y producción. Informe de Benito Mata Linares, 1786.

[4] AAC. Refacción de casa y truco en Abancay, 1782.

[5] BLANCO, José María. Diario del viaje del Presidente Orbegoso al sur del Perú. Edición, prólogo y notas de Félix Denegrí Luna. Lima, Instituto Riva-Agüero, 1974, t. 1, pp. 104-105.

[6] BLANCO, op. cit., pp. 104-105.

[7] El Cusco y sus provincias. Arequipa, Imp. Mariano Nicolás Madueño, 1848.

[8] AGI. Lima 306. Visita de Mollinedo, 1676.

[9] AGI. Lima 306. Informe Mollinedo, 16-4-1678.

[10] AGI. Lima 306. Visita de Mollinedo, 1687.

[11] CORNEJO BOURONCLE, p. 111. Tomado de ADC. Prot. 317-S01. Escr. Pedro López de la Cerda, fs.136. Cusco, 5-2-1698.

[12] ADC. Protocolos de escribanos de naturales. 1677-170S, fs. 3S2. Cusco, 30-4-1698.

[13] AGI. Cuzco 64. Relación de méritos, 15-5-1703; también en: AGI. Lima S64.

[14] 14. ESQUIVEL Y NAVIA, Diego de Noticias Cronológicas de la Gran Ciudad del Cuzco. Edición, prólogo

y notas de Félix Denegri Luna. Biblioteca Peruana de Cultura. Lima, Fundación Wiese, 1980, t. 2, p. 343.

[15] AGI. Lima 810.

[16] ADC. Protocolo 32-166. Esc. Pedro J. Gamarra, 1810-1811, fs. 377.

[17] AAC. Papeles sueltos. Abancay, 3-3-1831.

[18] BLANCO, o p. cit., pp. 104-105.

[19] AAC. Inventario de Abancay, 2-9-1872.

[20] La Patria, Abancay, 1-4-1939; 8-5-1939; 14-6-1939.

[21] ALVIZURI CAZORLA, Ilse. Plan de ordenamiento urbano de la ciudad de Abancay, tesis para optar al título de arquitecta. Cusco, UNSAAC, 1988, pp. 186-187.

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